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Un lugar bajo la lluvia.
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Polvo gris.

Todos los días están hechos de un polvo gris. Y me encuentro atrapado en el lodazal de mis fantasías, siempre tratando de encontrar la manera estar calmado en algún lugar. Una fantasía. Una realidad que vale mierda sí creo con fe ciega que es la única valida y verdadera realidad. ¿Y ahora qué?.¿Qué es lo que realmente necesito?. ¿Qué es lo que debo hacer?. Siempre se me olvida. Estoy empezando a sentirme como yo mismo otra vez, y eso no es bueno. Me siento como el hijo que ya es un hombre pero que no ha crecido todavía, el que nunca creció. El que trata de actuar desesperadamente en el compás pero no puede porque no se sabe expresar. Él no sabe hablar, no tiene sentido del tiempo y es mudo como un niño, yo pensaba que el mecanismo de la autodestrucción era un forma de lascivia, pero, ahora me estoy dando cuenta que es una forma de comodidad, la peor de todas, obscena y perversa hasta los ventrículos. ¿Cómo es posible que me sienta así de triste tan frecuentemente?. Este desconsuelo es como un freno que no puedo eliminar. Es un producto, creo, de una oscilación dominante en mí, que inclina el piso levemente cada vez que intento moverme. En cada esquina mi cuerpo se encuentra un poco desequilibrado y luego me torno amargo y resentido de que la báscula esté calibrada así como está. ¿Qué es peor?. ¿Qué, si no otro relapso de mis emociones?. Eso sería desastroso. Eso me acabaría. Pero bueno. Ya está. Tengo que esconderme entre todo este desorden y aceptar mis posibilidades de ganar al azar. Necesito al menos tratar de aceptar mis probabilidades autoritarias de perder. Ya empiezo a sentirlo, ya empiezo a entenderlo. Lo que está por venir es la peor parte, y lo sé. Me encuentro atado al mástil de un barco destrozado que no me llevará a casa. Estoy totalmente perdido. Soy apenas un vapor. Soy una flor marchitándose. Carajo soy solo humo, humo de mi propio cigarrillo. Hasta ahora me doy cuenta. Pero también me siento enfermo del estómago, me duele la cabeza, me rasca la nariz, me suda la lengua y a parte también me siento enfermo de mi novela. Es como un veneno que se filtra por el espacio entre estas malditas baldosas. Ya no quiero estar confundido, pero, no puedo simplemente pretender que estoy bien con la realidad de que ya no puedo fantasear. Mis mejores días se me olvidan y son relegados a lo último. El columpio para abruptamente y el impulso que llevo me sumerge en lo hondo de una pared, de un retrato, de un espiral negro. Si me vuelvo loco juro que al menos tendré el lujo de afirmar que no fueron las drogas ni la reclusión, pero, que fue mi corazón. Maldita sea, fue mi corazón. Siempre me ha incitado a actuar así, a ser así. ¿Me aceptaré a mí mismo?. En el momento en que sepa reconocer la validez y el coraje que son necesarios para pegar ese salto, lo blanco se desplomará sobre mí como el comienzo de un nuevo día; un nuevo día hecho de polvos grises, días en los que me encuentro atrapado en el lodazal de mis fantasías, siempre tratando de encontrar la manera de estar calmado en algún lugar. Una fantasía. Una realidad … una realidad vivida en días de polvo gris.

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