6 Diciembre 2012
Anoche mientras me tomaba un café en mi bar favorito, llegó a mí un hombre llorando y gritándome:
–¡Maldito seas!, me has olvidado, explícame por qué, explícame, lo merezco.
Yo confundido le pregunté:
–Disculpe, no lo conozco, ¿a qué se refiere?.
Ya más calmado, pero aún con lágrimas en sus ojos me dijo:
–Soy tú, soy tu mente, soy tu imaginación, soy tus letras; me has olvidado, me has sepultado en lo profundo de tu mente, me has encerrado para no dejarme salir, te extraño, extraño esas noches de soledad y letras, de café y versos.
Aún confundido, lo miré fijamente, era yo, ese hombre realmente era yo, vi sus ojos, vi sus lágrimas, dudando le dije:
-Lo siento, no te he olvidado, lo sabes, sabes que mi mente difiere entre vida y versos, también te extraño, vamos por un café…